Carta del Parroco – 8 de Enero 2017

frmnicks_mug_smallLa semana pasada, vimos como la liturgia pertenece a la Iglesia Universal y ningún sacerdote o comunidad pueden cambiar sus elementos fundamentales. Mientras continuamos con la Constitución de la Divina LIturgia del Vaticano II, vemos que debido a la naturaleza de las liturgias públicas y universales, la mera razón que no puede ser cambiada por un sacerdote individual o comunidad), porque la liturgia es idealmente celebrada en un contexto comunal.

Como nos hace notar en el párrafo 27: se debe de enfatizar que siempre que los ritos, de acuerdo a su naturaleza especifica, hacen provision para una celebración comunal envolviendo la presencia y activa participación de los fieles, esta manera de celebrtarlos debe ser preferida, lo más possible, a una celebración que es individual y cuasi-privada.” Siguiendo esto, los párrafos 28-29 nos hablan de la realidad que hay diferentes papeles, ministerios, o funciones en la liturgia. Es interesante notar que cada uno somos llamados a cumplir nuestros papeles fielmente y completamente, pero no para llevar lo papeles de otros: “En las celebraciones litúrgicas cada persona, ministro o laico, que tiene una oficina para realizar, debe de hacerlos todos, pero únicamente, aquellas partes que le corresponden a su oficina por la naturaleza del rito y los principios de la liturgia.” Por ejemplo, el sacerdote tiene la responsabilidad hacia el final de la oración Eucaristica de decir la doxologia la cual es cuando levanta el Cuerpo y Sangre de Cristo y dice:” por El, con El y en El. O Dios Padre todopoderoso, en la unidad del Espiritu Santo, todo honor y toda Gloria por los siglos de los siglos.” sin embargo, la respuesta cantada, “Amén, ” pertenece al pueblo.

Normativamente, el sacerdote no debe cantar o decir esta respuesta (Amén), asi como la gente no dice la doxologia. Asi que también, generalmente el lector es responsable por la primera y segunda lecturas, y no el sacerdote. Cada persona o grupo tiene su parte y maneras en la que participa en la liturgia. Y, porque la liturgia es de mayor importancia, cada uno de nosotros tiene una grave responsabilidad de asegurarse que vamos a cumplir nuestra parte en esta oración lo mejor que podamos. Hacemos esto para dar Gloria a Dios y para apoyar nuestros hermanos y hermanas en la fe mientras tratan de entrar en el culto divino.

El párrafo 30 enfatiza que esta participación no solo pertenece a los lectores y música o al sacerdote y diáconos, pertenece a todos los fieles reunidos: “Para promover participación activa, la gente debe ser animada a tomar parte por medio de las aclamaciones, respuestas, salmos, antifonas, y cantos, también como por las acciones, gestos, y actitudes corporales. Y en ciertos tiempos apropiados todos deben observar un silencio reverente.

El ultimo párrafo de esta sección del docmento, el párrafo 32, toca brevemente la importancia de respetar la dignidad igual de cada uno que viene a celebrar la Misa. Con la excepción de reconocer autoridades civiles que puedan estar presentes para un evento especial, el párrafo nos dice claramente que “no se debe dar honores especiales en la liturgia a ninguna persona privada o clases de personas, ya sea que estén en las ceremonias o por despliegue externo.” Un ejemplo de como la Iglesia guarda este respeto por la diginidad igual de cada individuo es por medio del féretro ataúd en los funerales. Ya sea que un ataúd sea hecho de oro y diamantes o de simple madera rústica, ambos son cubiertos por la misma tela antes de que la Misa de funeral comience. Porque como San Pedro dice en las Escrituras: “en verdad, yo veo que Dios no hace excepción de personas.”

Alabado sea Jesucristo, ahora y por siempre!

En Cristo

frnicks_sig
Padre Nicks

Comments are closed.