Carta del Parroco – 19 de Febrero 2017

frmnicks_mug_smallHoy cambiamos ligeramente mientras nos movemos al capitulo 11 del Sacrosanctum Concillium el cual se enfoca completamente en la Eucaristia. Sin embargo, aqui vemos, otra vez, conceptos previos presentados por el Concilio los cuales se mantienen unidos con cierta tension. En los párrafos 48 y 50 escuchamos el repetido énfasis que la Misa sea accesible al pueblo de Dios: “por medio de un buen entendimiento de los ritos y oraciones ellos {el pueblo de Dios} deben de tomar parte en la acción sagrada conscientes de lo que están haciendo.” Y todavia en el párrafo 54, vemos la presunción que la mayoria de la liturgia podria ser celebrada en Latin: “en las Misas que son celebradas con la gente, un lugar adecuado puede ser designado para su lengua materna.” Y todavia insiste que, aunque la lengua materna sea usada regularmente, “se deben tomar algunos pasos para que los fieles puedan decir o cantar juntos en Latin esas partes Ordinarias de la Misa que les pertenecen a ellos.”

Como se puede estar activos y conscientes reconciliados con la liturgia con esta insistencia tenaz de usar el Latin? La única manera de reconciliar estos dos conceptos es de entender claramente lo que el Vaticano II quiere decir cuando llama a la participación de los fieles. La participación no consiste en entender cada palabra perfectamente, sino en entender el misterio de lo que está pasando. Entendiendo lo que está ocurriendo, el pueblo de Dios puede formarse una disposición interior por la cual ellos ofrecen, en union con la Eucaristia, sus propias vidas. Podemos entender esta participación por analogia. Considere el Rosario por ejemplo. Aunque uno pueda decir las oraciones con sus labios, el Padre Nuestro y el Ave Maria, las palabras no son el enfoque, y hasta se pueden olvidar.

Toda la atención de uno y el enfoque está en el misterio de la vida de Jesús. Otro ejemplo podria ser el de la opera. Seguido la gente escucha opera en lenguages queno le son familiares. Ellos disfrutan de la música, no porque entiendan cada palabra, sino porque están familiarizados con el significado de la opera de antemano. O otra vez, podemos considerar algo como el balet, que no usa palabras, pero en el cual la gente puede entrar y entender lo que está siendo comunicado—forma, belleza, y hasta una historia. Yo mismo experimenté esto recientemente en una Presentación local de balet de Blanca Nieves. Finalmente, aún dada la situación en la cual las palabras son completamente entendibles y accesibles para todos los que la escuchan, en esto cae otro peligro. Le da a la gente una falsa impresión que ellos lo entienden completamente, no solamente las palabras, sino el misterio que las palabras describen. Y eso no es posible.

El misterio que celebramos en la Misa es Dios mismo y su actividad en nuestras vidaAs. Siempre será misterioso y nunca se puede percibir plenamente. Entonces, el uso del language con el cual estamos familiariza dos puede tener una consecuencia involuntary de dirigir a la gente a un entendimiento defectuoso de la Misa misma. Entonces encontramos, en la enseñanza explicita del Vaticano II, una tension: un reconocimiento que la lengua materna puede ayudar, pero también, que no debe obscurecer el misterio natural de la Misa—que el Español puede ayudar con la participación de individuos, pero el Latin no hace daño a la participación, si la participación se entiende correctamente—que el language único de cada persona debe encontrar expression en la liturgia, pero la lengua universal de la Iglesia debe ser usada como una fuente de unidad ambas en todas las naciones, y a través del tiempo. En esta tension encontramos un principio fundamental en el trabajo—la universalidad de la Iglesia. La Iglesia no se acerca a las cosas con un ya sea/o mentalidad, sino con un ambos/y enfoque. Y encontramos una variedad de expresiones religiosas, lenguages, costumbres y prácticas abrazados dentro de la liturgia—dentro de nuestra celebració de la Misa.

En Cristo,

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Padre Nicks

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