Carta del Parroco – 1 de Enero 2017

frmnicks_mug_smallHace unas semanas vimos como la renovación Litúrgica del Vaticano II, especialmente la completa y activa participación consciente de los fieles, deberia de ser consumado primeramente por medio de la instrucción. Esto destaca fuertemente en contraposición de la impresión común que muchos tienen, incluyendo los sacerdotes, que el Vaticano II salió para cambiar significantemente la liturgia. Esto claramente no fue el caso como lo hemos visto del documento litúrgico del Concilio cuando se indicaba que la renovación de la liturgia sucederia, no primeramente por medio del cambio, sino por ―medio de la instrucción necesaria.” Aunque esto es verdad, también es verdad que al menos algún cambio era necesario para obtener las metas de esta renovación litúrgica. Hemos llegado al punto del documento que habla acerca de las normas por las cuales debe de ocurrir el cambio. Comenzando en el párrafo 20, vemos que estos cambios son dirigidos a la restauración de la liturgia, no a su renovación: “Para que la gente Cristiana pueda ciertamente derivar más gracias abundantes de la sagrada liturgia, la Santa Madre Iglesia desea que emprendan con mucho cuidado una restauración general de la litugia misma. Poque la liturgia es hecha de inmutables elementos instituidos por Dios, y de elementos sujetos al cambio. Estos {…} deberian ser cambiados con el paso del tiempo si han sufrido de la intrusion fuera de la armonia con la naturaleza interna de la liturgia.” El Concilio, por lo tanto, no estaba preocupado haciendo nuevas las cosas, sino en restaurar eso que siempre habia sido. Vemos esto en el lenguage que enfatiza, por una parte, elementos inmutables de la liturgia y, por otro lado, la necesidad de dirigir elementos cambiables los cuales, sobre el paso del tiempo se han deslizado en la liturgia y no están en armonia con su sentido interior.

El énfasis primario no es ser progresivo, creando una nueva liturgia, sino ser conservativo, regresar a la expresión y raices auténticas de la liturgia. El párrafo 23, aunque habla de la posibilidad de algunos mirando hacia adelante o de algunas inovaciones. Aunque, lo hace con gran cautela dice que esto no debe pasar al menos que sea demostrado que esto es requerido para el bien de la Iglesia y que tal cambio debe crecer organicamente de lo que ya está presente en la vida de la liturgia.

Si estamos o no considerando la restauración de la liturgia Antigua o la posibilidad, bajo ciertas restricciones, de inovaciones, todo esto debe ser governado por los lideres de la iglesia como se indica en el párrafo 22. Los primeros dos sub puntos del párrafo indican quien puede desarrollar las normas litúrgicas. Esto incluye los apotólicos ver (el Papa), los obispos locales, y por ciertos grupos de obispos (en los E.U. son la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos).

El tercer bub punto del párrafo 22 indica quien no puede hacer cambios en la liturgia: ninguna otra persona, aunque sea un sacerdote, puede añadir, remover, o cambiar nada sobre la liturgia por su propia autoridad.” Esto simplemente quiere decir que yo, u otro sacerdote, no puede hacer nada que no esté ya en los textos litúrgicos de la Iglesia. Si yo cambio algo por mi propia cuenta, entonces, no puedo seguir siendo un ministro de la liturgia de la Iglesia y comienzo a ser el ministro del show del Padre Nicks. La liturgia no me pertenece ni a mi ni ningún otro miembro individual de la Iglesia. Tampoco pertenece a la gente de una era particular. Es el patrimonio que se nos ha dado a nosotros por dos milenios y tiene su origen en Cristo mismo.

Alabado sea su Nombre, ahora y por los siglos!

En Cristo

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Padre Nicks

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